jueves, 18 de junio de 2009

Y un día la muerte prendió la tele

¿Premio o castigo?

Todos sabemos que llegamos aquí con un único destino… la nada. Tenemos fecha de vencimiento y eso creo que está bien. Pero comprendo y, creo que el resto de la humanidad tampoco, es la forma extraña que tiene de actuar la muerte.



Hoy, al ver los titulares de los diarios encontramos una breve pero impactante lista de fallecimientos. Uno espera que suceda, los diarios se vuelven amarillistas en estos tiempos y la muerte llega a vender mucho cuando la vida en las grandes urbes se debate en la televisión.

Lo curioso es que aquellas muertes se sucedieron en gentes que, nos gusten o no, no le han hecho mal a nadie, sino más bien colaborar para entretenerlos, educarlos, hacerles hervir la sangre o reflexionar sobre quien somos.

El primer titular hablaba de Fernando Peña, un tipo controvertido, creador de personajes únicos, muy pegados a los estilos criollos, capaces de discutir entre ellos (a veces 5 o 6 personajes a la vez) cada uno con una ideología, cultura o creencia propia. Este tipo tan controvertido desde sus espectáculos hasta sus entrevistas ha recalentado en los últimos 10 años a más de una vieja pacata y ha puesto colorado a más de dos progresistas. El estaba ahí, haciendo lo que le cantaba y pasándola lo mejor posible. Y a su modo, entreteniéndonos a todos, mientras el mundo menemista nos apretaba la garganta.

Un poco más abajo la figura un poco más escueta de José Ignacio García Hamilton, periodista e historiador. Pese a no concordar en política ni en literatura con su estilo, fue el único tipo capaz de poner en tela de juicio el origen de un icono de nuestra nación: José de San Martín. A partir de sus estudios y publicaciones resulta ser que el legendario prócer ya no sería tan Españolizado, sino más bien mestizo, hijo de una relación extra matrimonial entre un poderoso español y una amante de origen indio.

En este país, para los grupos de poder más pacatos es un pecado admitir que uno de los grandes nombres de nuestra patria finalmente tuviera sangre indígena… fue castigado, enjuiciado y hasta se intentó un estudio de ADN a los pobres huesos de San Martín para justificar sus argumentos. Pobre San Martín. Pobre Hamilton.

Bastante más abajo y sólo con una fotito, aparece el nombre de Alejandro Doria. Ni tan mediático como el primero ni tan de perfil bajo como el segundo, en medio de la fiesta que comenzaba a fines de los 80, desde esperando la carroza y luego con 100 veces no debo, nos mostró desde el grotesco, cómo somos, como éramos y hacia donde vamos. Todos nos reímos mucho con sus personajes, los odiamos y nos identificamos.

Algo tuvieron en común Doria y Peña, En sus abanicos de personajes aparecían representados todos los sectores y realidades de la argentina. Todos en un puñado de diez.

Finalmente el último de la lista. Oscar Ferreiro. Un tipo al que la fama le llegó de grande, tanto es así que no muchos recuerdan su nombre. Pero su imagen de malo sí será recordada. Fue un actor de telenovelas en los que interpretó a unos malos de esos que nos gustan, o mejor dicho de esos malos a los que estamos acostumbrados: Amorosos con sus familias, turbios en sus negocios e implacables con sus enemigos.

Ahora bien. Teniendo en cuenta que la mayoría de los seres más repugnantes de este país aún siguen vivos o van muriendo de viejos (algunos hasta con honores). Mientras que tipos que mucho nos agradaron se van muriendo por enfermedades y en el mejor momento de sus carreras. ¿Será acaso que la muerte en definitiva es un premio? ¿Será acaso que el castigo es quedarnos por estos lares como espectadores de nuestras propias miserias, de nuestra degradación?

Algunos de estos señores enumerados en la lista no fueron de mi agrado en sus carreras y la verdad es que no me ocupé de sus vidas personales. Sin embargo no puedo dejar de reconocer que ellos son la clase de tipos que nos hacen llevar y vivir mejor esta vida. Gracias a ellos por lo que nos dejaron, por lo que nos hicieron pasar. Y ojala que nos veamos en otro lado.

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