miércoles, 17 de junio de 2009

La mujer tiene...

Amor innecesario.

- La mujer tiene una antipatía instintiva por el hombre inteligente – le dije – no vale la pena hacerse mala sangre – y antes de terminar la frase me estaba dando cuenta de que ésas no eran las palabras justas. Pero sinceramente fue lo único que se me ocurrió. Daba pena verlo



Paco realmente quería a esa mujer, los últimos cinco años se había dedicado plenamente a ella y repetidas veces no había contado lo feliz que se sentía.

Una noche aparecieron él y su novia con unos comprometedores anillos plateados. Se pasó la noche hablando constantemente de su casamiento y jugando con el anillo, haciéndolo rotar en el dedo. Alguien en broma le dijo “¡Che, déjate de hinchar, si el viernes que viene te vas a sacar ese anillo carcelero y lo vas a tirar por ahí!”. El se puso serio, cortó la charla y se empeñó en dar todas las explicaciones necesarias para que no tomáramos su compromiso “para la joda”.

Sabíamos que por un largo tiempo no lo veríamos más en las reuniones de los viernes por la noche. Y así fue: hacía más de seis meses que no teníamos noticias de él, había dedicado su tiempo libre exclusivamente a las reformás en el departamento en el que se irían a vivir él y su novia después de casados. Pero no nos preocupaba mucho su ausencia, sabíamos que iba a estar ocupado y por sobre todo contento. ¡Y ahora daba tanta pena verlo!

Siempre fue un tipo de aspecto muy prolijo, con buena pinta y mejor “parla” pero tenía un problema que nos daba mucha gracia: Todos los viernes, cuando salíamos a corretear señoritas por los bares del centro, cada chica que conocía le venía como anillo al dedo para ser la mujer de su vida y a la semana se desenamoraba tan velozmente como se había enamorado. Pero desde que ella apareció en su vida, Paco, cambió por completo. Si bien seguíamos viéndonos los viernes por la noche, el tipo estaba más apagado, un poco triste. A veces parecía hasta molesto por estar ahí. La extrañaba terriblemente, le ponía mal no estar con ella un solo segundo. No por celos ni desconfianza, simplemente la extrañaba.

Este problema se solucionó con el tiempo. Todos fuimos encontrando pareja y la salida de los viernes se fue transformando en una cena semanal en mi casa. A Paco le entusiasmaba ver a su novia charlando con las nuestras, le encantaba el hecho de no tener que separarse de ella para pasar una noche con sus amigos. Y ahora, realmente daba pena verlo.

Y ahí estaba, tan prolijo como siempre. Llevaba puesta la cadenita que se regalaron con su novia cuando cumplieron un año de novios, el anillo de plata del compromiso en una mano y los dos anillos de oro con los que iba a sellar su casamiento en la otra, pero su cara no era la misma de siempre. Tenía el gesto de un hombre confundido, agotado por la angustia de buscar desesperadamente los como y porqué, estaba hundido en su dolor. Y yo a su lado. >Por un momento la escena me pareció la de un psicólogo tratando de encontrar las palabras justas para calmar la angustia de su paciente.

¿Qué podría haberle dicho yo que aliviara su pena? ¿Qué otra cosa podría haber dicho para evitar que Paco se quitara la vida? ¿Cómo se sentirá ella en este momento? ¿Le importará saber lo que causó al dejar a Paco?.

“La mujer tiene una antipatía instintiva por el hombre inteligente…”. Qué estupidez.

Tomé brevemente sus manos, suspiré profundo y salí a la calle a fumar un cigarrillo.

Detrás de mí rápidamente los empleados de la funeraria desalojaban la sala para cerrar el cajón.

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